Mejorar la eficiencia organizativa y rediseñar las operaciones son formas de preparar a la organización para el futuro y de ser más ágil y adaptable en este entorno en constante cambio. Sin embargo, para saber qué mejorar, las empresas necesitan entender primero sus procesos. Disponer de información en tiempo real y de una visibilidad completa de las operaciones es un reto en sí mismo, y de gran envergadura, que las empresas llevan décadas tratando de abordar.
Por suerte, existen varias metodologías de descubrimiento y mapeo de procesos que ayudan a comprender los procesos que tienen lugar dentro de la organización. Algunos métodos son más manuales e incluyen entrevistas, encuestas y observaciones para recopilar datos. Otros recopilan los datos de forma más automática y requieren menos intervención humana. Entre ellos se encuentran la minería de procesos y la minería de tareas de escritorio. En muchos casos, se utilizan varios enfoques juntos para descubrir mejor los procesos y las tareas.
La realidad no es tan blanca y negra como puede parecer en un principio. Las grandes organizaciones tienen muchos sistemas informáticos heredados, docenas de procesos y cientos de flujos de tareas que se ejecutan entre cientos de equipos y unidades en múltiples ubicaciones. Por lo tanto, la mayoría de las veces, incluso las mejores tecnologías existentes, como la minería de procesos y tareas, no son capaces de proporcionar una cobertura completa de todas las actividades relacionadas con el trabajo. Aquí es donde ProcessMaker Process Intelligence (PI), una herramienta híbrida de inteligencia de procesos, entra en el juego, combinando lo mejor de la minería de procesos y tareas y más allá.